Los mimos y las masas
Por fortuna, gracias a mi prolífica imaginación infantil nunca sucumbí al invasivo sopor. Las gansadas prolijas con tiza blanca o azul sólo motivaban a soñar otros mundos.
Cuando mis ojos apagaban la luz podía disfrutar, pongamos por caso, a Maradona marcando un gol magistral visto sólo por mi; o quizás a un payaso (...)