Con tanta noche por la ventana

Publicado el 11 de diciembre de 2011 por Martín Gaitán

UNO

Por la ventanilla refulgente, la luz. Toda la luz. Sólo la luz. "Bienvenido a Neuquén" dicen, tímidos, los arbolitos secos de la ruta 22. Los vasos vacíos de whisky berreta que convierten las 16 horas de viaje en "servicio ejecutivo" ruedan con la fuerza centrípeta de la primera rotonda, apenas se cruza el puente, y suenan como suave alarma para los que echaban la última siesta.

A esa escuela fui yo, mirá, la técnica más grande de la patagonia. Perticone y Olascoaga. Quienes serán, me pregunto, Perticone y Olascoaga. Qué será de esa escuela, me pregunto, a la que ahora van chicos que no habían nacido cuando era mi escuela. Mirá, el campo de deportes del Colegio Don Bosco. Lastra y Cháneton. De este si sé algo, Abel Cháneton. Fue historiador, periodista, intendente de Neuquén y, lo que más me simpatiza, amigo de Discepolín. Lo menciona en "Cafetín de Buenos Aires":

Me diste en oro un puñado de amigos
que son los mismos que alientan mis horas:
José, el de la quimera
Marcial que aún cree y espera
y el flaco Abel que se nos fue
pero aún me guía.
 

En esa pista, la del Don Bosco, corrí los 100 metros más rapidos de mi vida. Tenía 9 años y dos piernas fuertes para mi cuerpo pequeño. Tenías ganas de que la profe de gimnasia, que tenía —creo— piernas más fuertes que las mias, me sonriera como todo premio.

La Sirena, mi barrio, mirá. De acá son mis amigos por eso, aunque viva en cuaquier otro lado por 70 años, este será mi barrio. Era un gran vivero, toda esta zona, por eso los eucaliptus tan grandes y viejos. La Sirena, la sirenita. no por mujer con cola de pez sino por bocina de bomberos voluntarios.

Calle Saavedra. El Portal de la Patagonia. Jumbo, Easy, McDonald y el jet set de marcas locales y foráneas en la planicie de un shopping patagónico. "Todo en un mismo lugar" propone el eslogan. Todo. Todo. Todo menos la luz, que entra toda por mi ventanilla.

DOS

Oh, madre. Por qué te dije a las 14 horas. Son las 13 y seguramente te has ido a comprar mucha comida, mucha bebida, mucho de todo eso con lo que querés expresar tu amor. Te has dejado el celular en la mesada, lo veo por la ventana de la cocina. "Dos nueve nueve uno cuatro .. no puede atenderlo en este momento" Ya sé, contestadora, está comprando bondiola con forma de corazón. La voy a esperar acá, sentado sobre mi mochila. Mirando esta calle en declive que acarrea arcilla y mugre en sus ritos de riítos improvisados y eternos. La espero, mirando este colectivo que dobla y a nosotros, lagañosos y con el gorro de lana a medio poner, corriendolo de atrás para ir a la escuela. La espero, viendo este jardín que triunfa verde pese al viento, el agua a cuentagotas y las bolsitas de nylon. La espero, sabiendo que quizas sea la última vez que esta esquina me pertenece.

TRES

— Yo te tengo mucha pacienca, mami, yo lo reconozco, vos no. Si llevás este planteo a mendoza, te cagan a cachetadas
— Pero es que si me ducho a la noche me relajo, sólo te pido que me esperes, nada más.
— Pero si te caés qué hago, decime qué hago con vos tirada en la bañadera. Son las doce de la noche. Y no te vayas a levantar a la madrugada, por favor te lo pido.
— Pero yo no prendo ni una luz, cómo será
— ¡Mami! cada vez que voy arriba hay tres luces prendidas. ¿Cómo me entero que te bañas a la madrugada, a ver?
— Al otro dia, te darás cuenta mirando alguna cosa en el baño
— Yo no quiero pelear, mami, ya está.
— Pero lo único que te digo es que vos decis que me tomo dos pastillas y eso no es asi
— ¡Mami! vos misma dijiste "me tuve que tomar dos pastillas para dormir"
— Bueno vos pensas eso, a mi se me ha olvidado, pero yo no tengo intención de mentirte. Quizas me tomé una y media. Sí, una y media me tomé.
— Es más me dijiste "la Elsa me dijo que tome alplax" y yo les dije "cortenlá con empastillarse" . Yo puedo ser mala, tener mala onda, pero mentirosa no soy.
— Yo lo único que me doy cuenta con todo esto es que uno tiene que dejarse de joder en algun lado y no sé donde mierda meterme, ya estoy vieja y en ningún lado encajo. No les doy la contra en nada, no las jodo en nada. Me va a dar una convulsión de la presión, mirá.
— Así es la vida, mami, así es la vida.

CUATRO

— ¡Tío, volviste! — grita Joaquín corriendo desde el auto con los brazos y la sonrisa extendida. Camila, alta y delgada, convirtiendo sus caderas y sus pechos en los de una mujercita, saluda luciendo sus pelos rojos desteñidos por el cloro de la pileta. Mi hermano, qué haces negrito, extiende su abrazo tan tosco como cariñoso. Hola querido, dice Juli, cómo estás.

Minutos despues la danza de heladera, horno y tuppers comienza. Cervecita a la una, cervecita a la dos. Brindemos: 13 años de casados. ¿Trece años ya? Se acabó la cerveza. Mañana hay que trabajar. Salud. Chaucito.

CINCO

Te escribo. Me hice un café, porque vengo amagando a recuperar horas de trabajo desde el jueves. Pero es imposible concentrarme, con tanta noche por la ventana, en otra cosa que no sea escribirte. Estar con vos, de alguna manera. Recordar tu mensajito de anoche. Sentirme pensado, amado, suavecito. Sentirme bien.

Tuve que desmontar cierto preparativo tácito para consolar el melodrama:

— Hablamos, vieja, nos daremos este tiempo, pero los dos queremos que funcione, nos queremos mucho. mucho.
— Lo sé. Y me alegra mucho. mucho

Te escribo, con tanta noche por la ventana, amándote suavecito.

Correo enviado el domingo 11 de diciembre de 2011.

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